Reverse Decision Trees and Parallel Endings

28 de marzo, 2018...

El día que salió el sol, le compré a la librera del barrio unos rotuladores y el último libro de Paul Auster, para ir con ellos al parque a calentarme el estado de ánimo. 🔥💙❄️. 
Sentada en el banco, miraba este árbol. Y comencé a analizar todos los proyectos profesionales gestionados, con o sin éxito, desde que adopté a Bruce al final del verano. Me preocupa su futuro, ¡parezco una madre! ☺️.
Con el vértigo que daría ver un time lapse acelerado del crecimiento urbanístico de Benidorm, mi mente se fue ramificando ad infinitum mirando este abeto, valorando todo lo conseguido y todo lo intentado, ponderando, ecualizando, superando, olvidando y también agradeciendo... pero deseando llegar a algún lado 🙄. 
Entonces recordé mis años en la universidad. Teníamos una asignatura de Planificación Estratégica y Teoría de la Decisión. Recordé cómo aprendí a hacer árboles de decisión prácticamente en mi cabeza, antes de pasarlos al papel. Recordé que fué la única asignatura de mi vida en la que saqué un 10 redondo sin copiar... 🤔
Así que me puse a dibujar este árbol que miraba, sobre el libro de Paul Auster que se llama, casualmente, 4,3,2,1 y va de decisiones. 
Mientras lo dibujaba, decidí repetir la hazaña y llegar a otro resultado de diez. Pero esta vez, bajando las ramas del árbol a tierra y ponderando los escenarios desde mis cuarentayséis inviernos 😴. 
Cuando la última rama dibujada tocó tierra, yo ya tenía mi resultado. 
La decisión de 10 ha consistido en parar de trabajar tanto pa tan poco y llevarnos a mi perro y a mí de vacaciones 😂.
¡Ya os contaré qué tal el libro! 😘

3 de abril, 2018 del mismo libro...

Dibujar su última página sin haber acabado un libro es algo así como empezar a leerlo por el final. Como empezar un cuaderno del revés. Como hacerse un autospoiler inspiracional, que zanje de primeras la incertidumbre sobre ese final. 
Sobre cualquier final. 
Si ya has dibujado un libro en el final, ahora tienes que terminar de leer el libro. Todo el mundo lo sabe. 
Es también como comerse la punta del cucurucho y obligarse con ello a comerse el helado más rápido. Es como terminar las vacaciones haciendo trampa para que sean lo que tu esperabas de ellas. Es como tener la infantil ilusión de hacer lo que te de la gana con tu vida. Porque, en este momento, tu vida consiste únicamente en un libro, un rotulador, un café, un pueblo vacío y un montón de horas muertas hasta que salga tu tren y se acabe este viaje. Un final que llegará puntualmente a las 17.50 horas, lo que aporta una aplastante certidumbre, tanta como para evitar perder el tiempo fantaseando con finales paralelos delineados en la última hoja de una novela. 
Claro que, por otro lado, si a alguien le interesan los finales cronometrados, esa persona no es la que está escribiendo esto. 🙃

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